Ley Wert sí (y educación diferenciada también)

Artículo de Francisco J. Contreras, catedrático de Filosofía del Derecho (Universidad de Sevilla), publicado en el diario ABC de Sevilla

El sistema educativo español sigue gravemente dañado por los estropicios que le ocasionó la LOGSE socialista de 1990. Trienio tras trienio, los informes internacionales PISA delatan un descenso constante en los niveles de lecto-escritura, matemáticas y conocimientos científicos de los escolares: nuestro país se ha desplomado hasta los últimos puestos de la OCDE. Y no es cuestión de dinero: España es el país de la Eurozona que más incrementó el gasto en educación entre 2000 y 2010, elevándolo hasta los 7847 € por estudiante (Finlandia, campeona de los informes PISA, tiene una inversión inferior: 6707 €; Alemania, 6256 €).

La izquierda siempre ha considerado la educación su finca particular: es el campo de pruebas en el que aplica los experimentos revolucionarios que –desde que se hizo patente el fracaso planetario del socialismo- ya no se atreve a practicar en la economía. Eso fue la LOGSE: un descabellado experimento que imponía, con 25 o 30 años de retraso, nociones educativas ya ensayadas y fracasadas en Inglaterra y Escandinavia. Concepciones pedagógicas ineficientes pero, eso sí, con la pertinente aura “progresista”. Por ejemplo, la “comprensividad”: todos los niños –listos o tontos, estudiosos o alborotadores- integrados en las mismas aulas hasta los 16 años (en otros países se produce mucho antes la bifurcación de los orientados a estudios superiores y los destinados a la FP). El igualitarismo entendido, no como “oportunidades educativas para todos”, sino como “aprobados y diplomas para todos” (promoción automática, supresión de notas numéricas [“progresa adecuadamente”], inexistencia de exámenes externos, etc.). El metodologismo: “lo importante no es adquirir conocimientos, sino métodos: aprender a aprender”. El constructivismo: el objeto de conocimiento no es un dato objetivo que los alumnos deban adquirir, sino algo que deben “construir” en forma lúdica e interactiva. El rechazo hacia facetas consideradas rancias: el aprendizaje memorístico, la autoridad del profesor (convertido más bien en jovial dinamizador), etc. Sigue leyendo

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